Por qué dejé de comparar mi arte con el de los demás (y cómo lo conseguí)
Había días en los que abría Instagram con ganas de inspirarme y lo cerraba sintiéndome una fracasada.
No es exageración. Es literalmente lo que me pasaba. Veía ilustraciones preciosas, acabados increíbles, estilos que parecían salidos de otro planeta, y en lugar de pensar "qué bonito", lo primero que me venía era "yo nunca voy a llegar a eso". Y después de ese pensamiento venía la parálisis. Para qué dibujar hoy si el resultado no va a ser ni la mitad de bueno.
Si te suena familiar, sigue leyendo. Porque salí de ese bucle, y quiero contarte cómo.
Por qué nos comparamos (aunque sepamos que no debemos)
Todo el mundo te dice que no te compares. "Cada uno tiene su proceso." "El arte no es una competición." Lo sabemos. Lo hemos leído mil veces. Y aun así lo seguimos haciendo.
¿Por qué?
Porque las redes sociales están diseñadas para que lo hagas. El scroll infinito te pone delante los mejores trabajos de miles de artistas, uno detrás de otro, sin contexto, sin proceso, sin los miles de horas que hay detrás. Solo el resultado final, pulido, con buena iluminación y doscientos mil likes.
Tu cerebro no distingue entre "esto es la obra cumbre de alguien que lleva diez años dibujando" y "esto es el listón que tú deberías alcanzar". Solo ve: esto es bueno. Lo tuyo no lo es tanto. Conclusión: tú no eres suficiente.
Y eso, repetido día tras día, hace daño.
El momento en que me di cuenta de que tenía que cambiar algo
No hubo un día concreto. Fue más una acumulación. Llevaba semanas sin dibujar nada que me gustara, sin terminar nada, sin sentir que avanzaba. Y un día, revisando fotos antiguas del móvil, encontré dibujos míos de dos años atrás.
La diferencia era brutal.
Había mejorado muchísimo. Mucho más de lo que yo creía. Y sin embargo llevaba meses sintiéndome estancada, sintiéndome insuficiente, comparándome con artistas que no eran mi punto de referencia real.
Ahí entendí algo importante: el problema no era mi arte. Era con quién me estaba comparando.
Lo que cambié para salir del bucle
Cambié el punto de comparación
Dejé de compararme con otros artistas y empecé a compararme conmigo misma. Mis dibujos de ahora vs. mis dibujos de hace seis meses. Mis dibujos de hace seis meses vs. los de hace un año.
Esa es la única comparación que tiene sentido real. Porque es la única en la que el contexto es el mismo: la misma persona, el mismo punto de partida, el mismo tiempo disponible, las mismas circunstancias.
Cuando empecé a hacer esto, el avance se hizo visible. Y ver el avance es el mejor combustible que existe para seguir.
Empecé a poner fecha a todo lo que dibujaba
Esto ya lo mencioné en la entrada de los errores, pero viene muy al caso aquí. Si no tienes registro de cuándo dibujaste cada cosa, no puedes medir tu evolución. Y si no puedes medir tu evolución, es facilísimo sentirte estancada aunque no lo estés.
Fecha en cada boceto, en cada ilustración, en cada experimento. Aunque sea una nota rápida en el móvil. Ese registro vale oro cuando necesitas recordarte que sí estás avanzando.
Cambié cómo usaba las redes sociales
No las dejé. No creo que la solución sea desaparecer de Instagram ni vivir aislada del mundo del arte. Pero sí cambié para qué las usaba.
Antes las abría para consumir sin más, y eso me dejaba expuesta al bucle de comparación sin ningún propósito. Empecé a usarlas con intención: para buscar referencias concretas cuando estaba trabajando en algo, para seguir a artistas cuyo proceso me interesaba aprender, para compartir mi trabajo y conectar con gente.
El scroll sin rumbo, fuera. La visita con propósito, dentro.
Aprendí a separar "me gusta" de "tengo que hacerlo así"
Esto fue un cambio mental importante. Puedo ver una ilustración y pensar que es preciosa sin que eso signifique que yo tenga que hacer algo parecido. El arte que admiro no tiene por qué ser el arte que yo hago.
Empecé a verlo como cuando escuchas una canción que te encanta aunque no toques ese instrumento. La disfrutas. Punto. No la conviertes en un recordatorio de lo que no sabes hacer.
Me rodeé de comunidad, no de competición
Hay una diferencia enorme entre seguir a gente para aprender e inspirarte y seguir a gente para medir cuánto mejor son que tú.
Busqué artistas que compartían su proceso, sus dudas, sus trabajos en progreso. Gente que mostraba el camino, no solo el destino. Y eso cambió completamente la sensación de estar en redes. De repente no era un escaparate de perfección, sino un espacio donde la gente también dudaba, también se equivocaba, también estaba aprendiendo.
Lo que me queda por trabajar
Sería mentira decirte que ya no me comparo nunca. Todavía me pasa. Hay días en los que veo algo increíble y ese pensamiento viejo aparece un momento: "yo no soy capaz de hacer eso".
Pero ahora lo reconozco más rápido. Y en lugar de quedarme ahí, lo uso como información: ¿hay algo en ese trabajo que quiero aprender? ¿Una técnica, una manera de usar el color, una forma de componer? Si hay algo que aprender, genial. Si no, lo dejo pasar y sigo con lo mío.
La comparación deja de ser un problema cuando deja de ser una medida de tu valor y se convierte en una fuente de aprendizaje.
Esto es lo que funcionó para mí. No es una fórmula universal, porque cada persona tiene su propio bucle y su propia manera de salir de él. Pero si alguna de estas cosas resuena contigo, pruébala.
Y si hoy estás en ese punto en el que cierras Instagram sintiéndote mal, recuerda: lo que ves en las redes es el resultado, no el proceso. Detrás de cada ilustración que te parece inalcanzable hay horas, errores, frustración y mucho trabajo que no aparece en ninguna foto.
Tu camino es tuyo. Y eso, aunque a veces cueste verlo así, es lo mejor que puede ser 💛
¿Te pasa esto de compararte? ¿Qué estrategias te han funcionado a ti? Cuéntamelo en los comentarios.
.png)
Comentarios
Publicar un comentario