Por qué a veces odio dibujar (y por qué eso está bien)
Hay días en los que abro Procreate, miro el lienzo en blanco y lo cierro. Sin más. Sin culpa, sin drama. Simplemente no puedo.
Y durante mucho tiempo eso me generaba una ansiedad horrible. Pensaba que si no dibujaba todos los días era porque no era lo suficientemente buena artista, o porque no tenía suficiente disciplina, o porque en el fondo no lo amaba tanto como creía.
Pero he llegado a una conclusión: odiar dibujar a veces es parte de amar dibujar.
El mito de la inspiración constante
Hay una imagen muy romántica del artista que se sienta frente a su mesa y fluye. Que siempre tiene ideas, siempre tiene energía, siempre produce. Y esa imagen es mentira.
Todos los artistas que conozco — y los que sigo en redes — tienen días malos. Días en los que nada sale bien, en los que el trazo no obedece, en los que miras tu trabajo y piensas "esto es una basura".
La diferencia entre los que siguen y los que no es simple: los que siguen no esperan sentirse inspirados para empezar.
Lo que hago cuando no quiero dibujar
No me obligo. Punto.
Si no quiero dibujar, no dibujo. Me voy a dar un paseo, veo una película, leo, hago otra cosa. Y casi siempre, sin buscarlo, vuelven las ganas.
Lo que sí hago es no alejarme del arte completamente. Puedo mirar ilustraciones que me gustan, explorar el trabajo de otros artistas, guardar referencias, escuchar podcasts creativos. Me mantengo cerca sin forzarme.
Y cuando vuelvo al lienzo, normalmente vuelvo con más energía que antes.
Lo que aprendí
El arte no es una obligación. Es una elección que hago cada día. Y algunos días elijo no dibujar, y eso no me hace menos artista.
Si estás pasando por una racha mala, no te machaques. Descansa. Vuelve cuando estés lista. El lienzo siempre va a estar ahí.
.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario